Un estudio de la Confederación de la Salud Mental en España refleja que la mitad de la población ha asegurado haber tenido un ataque de pánico o ansiedad, un 42% depresión en algún momento, un 74,6% en 2019 de la población tenía ansiedad y en torno el 60,7% insomnio.
Los datos anteriores reflejan un claro deterioro en la salud mental española que se ve traducida en el consumo de fármacos, que aumentaron de manera considerable en nuestro país, siendo el país que más consume la benzodiacepina diazepam.
Este consumo excesivo es preocupante ya que profesionales advierten que estos fármacos calman, detienen durante unas horas el proceso de alerta de activación fisiológica que se produce con la ansiedad. No obstante, no solucionan las causas que han provocado ese trastorno, que, por tanto, continuará. Por otra parte, pueden crear una gran dependencia.
A mi parecer, tomar fármacos de este estilo tiene, al igual que otros fármacos, su parte buena, pero también la mala. Esta última comienza cuando no sabemos cómo controlar lo que nos pasa y la única solución que encontramos es medicarnos, creando una relación insana con el medicamento y creando muchas veces dependencias. Es importante buscar otras soluciones, y en el caso de necesario y cuando un profesional lo prescriba lo tomaremos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario