Ansiedad y depresión: La falta de alimentos y nutrientes adecuados puede afectar negativamente los niveles de serotonina en el cerebro, lo que puede contribuir al desarrollo de trastornos de ansiedad y depresión.
Irritabilidad y cambios de humor: La falta de alimentos también puede afectar los niveles de glucosa en sangre, lo que puede provocar irritabilidad y cambios de humor.
Problemas cognitivos: El hambre también puede afectar el rendimiento cognitivo, incluida la capacidad de concentración, el pensamiento abstracto y la memoria.
Estrés: Las personas que experimentan hambre crónica pueden experimentar un estrés significativo debido a la incertidumbre de cuándo podrán obtener su próxima comida.
Comportamientos alimentarios desordenados: Las personas que experimentan hambre crónica también pueden desarrollar comportamientos alimentarios desordenados, como la compulsión por comer en exceso cuando se presenta la oportunidad.
Fuentes empleadas:

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